Estudios recientes revelan que consumir aceite de oliva frecuentemente en la dieta disminuye la probabilidad de padecer cáncer que podría estar relacionado con su alto contenido de ácido oleico, antioxidantes, polifenoles y flavonoides.

Fortalece el sistema inmunológico, que actúa contra virus, bacterias y otros microorganismos que provocan enfermedades.

Disminuye la presión arterial, reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, regula el colesterol y elimina el exceso de colesterol malo en el organismo.

Ayuda a reducir la diabetes.

Beneficioso para el hígado y la vesícula biliar.

Evita la pérdida de densidad ósea y previene la osteoporosis.

Previene enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

Vitaminas: Vitamina E

Ácidos grasos como el ácido oléico, polifenoles, flavonoides, carotenoides y escualeno.

En crudo:

Aliño de ensaladas o preparados crudos y fríos, adobar alimentos (sobre todo carne y pescado), conservar alimentos (conservas de pescado, quesos, y algunos productos del cerdo como el lomo) y emulsionar (aporta textura y sabor en las salsas, alioli, mahonesa, gazpacho, salmorejo, ajoblanco, pil pil).

Cocinado:

Saltear, rehogar, estofar, confitar (cocer de manera lenta y prolongada, a una temperatura muy baja los productos, toma una textura suave y gelatinosa), escabechar (parecido al confitado, se añade agua y vinagre), asar (cocinar con poco aceite) y freír (cocinar con abundante aceite muy caliente)

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