El ajo negro tiene las mismas propiedades que el ajo fresco pero multiplicadas en algunas de ellas.

Durante el proceso de maduración, los compuestos picantes del ajo se transforman de forma natural en compuestos fenólicos con propiedades beneficiosas para la salud. Efectos protectores sobre la inflamación, enfermedad cardiovascular o el cáncer, capacidad antiinflamatoria y antitrombótica.

El efecto antioxidante, es 5 veces mayor que el del ajo fresco, nos ayuda a combatir los radicales libres.

Fortalece el sistema inmune, manteniendolo en las mejores condiciones.

Energizante y estimulante.

Es diurético, disminuye la retención de líquidos, combate la elevación  del ácido úrico, depurador de la sangre.

Tiene propiedades anticoagulantes, mejora la circulación sanguínea. Ayuda a bajar la tensión, por lo que reduce la hipertensión arterial.

Propiedades analgésicas, alivia el dolor de forma natural.

Propiedades antitusivas y expectorantes que ayudan a descongestionar las vías respiratorias.

Facilita la digestión de las comidas.

Cicatrizante de heridas.

Fuente natural de vitaminas y minerales.

Vitaminas: Alto contenido en vitamina C, y B.

Minerales: potasio, calcio, fósforo, hierro, magnesio, zinc y cobre.

Nos aporta 18 aminoácidos de los 20 que existen.

Diremos que se puede utilizar en todo tipo de recetas como el ajo fresco, la diferencia está en que el ajo negro aporta un sabor más suave, no pica, no repite, es untuoso.

Debería comerse en crudo para no eliminar sus propiedades medicinales. Recetas de ajo arriero, ajo blanco, mojo de ajo, alioli y añadido en zumos naturales. Se puede triturar y usarlo como aderezo sobre ensaladas, pizzas, pastas.

Su aroma y textura blanda y untuosa permite consumirlo directamente sobre tostadas.

Va bien con quesos, verduras, carnes o pescados.

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